Los tratantes

tratantedecaballos.pngEn el panorama social gallego habia (hay?) un grupo llamado los tratantes o feriantes

El termino feriantes es mas generico e incluia no solo a los que acudian a las ferias a hacer negocio como una actividad comercial propia sino tambien a los que acuden a hacer relacion social aunque sea a dejarse ver unicamente

Pero los tratantes era un grupo muy variopinto y gallofo que comerciaban con los productos del campo mas diversos . Para ser tratantes había que tener unas características muy especiales, capacidad de persuasión, labia que diríamos ahora, apreciar la calidad del ganado sin mostrar interés, temple para no calentarse, etc. . Diplomacia rural en suma

Eran características de la personalidad difíciles de aprender y el acceso a ese mundo era habitualmente difícil. Solía ser oficio de determinadas familias que se transmitía de padres a hijos como si de una herencia se tratase. Hacia los tratantes había una especie de admiración y respeto y hasta su indumentaria era característica: blusón negro, sombrero o gorra y vara con aguijon.

Comprador y vendedor iban informados de los precios antes de entrar al trato, normalmente el vendedor pedía una cantidad superior a la del mercado, el tratante enumeraba los defectos del animal y mandaba una cantidad menor, el vendedor se resistía, etc. A veces el tratante se retiraba ver otros tratos; el vendedor entre tanto también se informaba de lo que se mandaba o pagaba. El tratante volvía y vuelta al regateo hasta que llegaban a un precio consensuado. Algunos tratos se empecinaban y tenían que echar mano de un tercero de confianza de las partes que terciaba en el precio final.

El trato se cerraba con un apretón de manos que tenía más validez que un contrato, no había vuelta atrás, los tratantes se conocían todos y si alguno faltara a su palabra podía ir dejando el oficio.

La operación se celebraba con el alboroque o convite a todos los intervinientes en el trato que normalmente pagaba el vendedor y al que siempre se apuntaba algún gorrón, allí se comentaban las incidencias del trato y casi siempre se terminaba hablando de los chismes de la comarca.

Los tratantes se pateaban cordeles y caminos y eran una fuente de información de primera mano de lo que pasaba en el mundo. Después quedaba el trabajo de llevar los animales al matadero, cuando eran de carne o a otros mercados para la reventa.

Los tratantes, también llamados muleteros, o, en tomo peyorativo, chalanes, se dedicaban a la compra y venta de mulas, muletas y caballos de toda edad y condición, sin menospreciar a los asnos. Eran hombres de mucha labia, con un don de gentes especial que les hacía conocer instantáneamente los gustos, el carácter y las apetencias de sus interlocutores, posibles compradores, para plegarse a sus condiciones, distintas en cada cliente, y tratarlos en consecuencia, según su índole, ofreciendo con desparpajo y suficiencia las excelencias de su producto, con la habilidad y la persuasión necesarias para convencer al siempre desconfiado parroquiano.

Eran conocidos y distinguidos por su atuendo: blusa tres cuartos negra, una tralla en la mano, con la cuerda terciada sobre los hombros, la cabeza tocada con una gorra visera o una boina o un llamativo sombrero en el caso de los chalanes.

Unos y otros, payos y gitanos, se pasaban ostentosamente por el ferial, dejándose ver, en búsqueda de clientela.

El trato era un tira y afloja entre vendedor y comprador, ganado éste, envuelto y convencido por la labia fácil y persuasiva del avezado tratante. Los animales eran probados al paso y al trote una y otra vez, además de contrastar su mansedumbre. Para cerciorarse y convencerse del buen estado físico de la bestia, algunos pedían el reconocimiento y el asesoramiento del veterinario

Los habia que compraban y vendian cerdos, caballerias, vacas , animales que antes conducian a pie en recuas pacientemente para que no se cansasen y perdiesen peso y buen aspecto

Habia una variedad de tratantes que denominaban oveiros, que mercadeaban con huevos . Y los piteiros, que negociaban con gallinas

Pero habia tratantes de toda clase y variedad , de nabiza (la semilla de los grelos) , de habas, de lino, de conejos, de vigas de madera de castaño …

En general los tratantes actuaban con contra de intereses de los otros , cada uno hacia la guerra por su cuenta, pero tambien podian hacer convenios grupales para subir o bajar los precios

vestidos con blusones negros (alguna vez gris) para distinguirse entre visitantes y compradores. Habia también chalanes y gitanos haciendo tratos en su nombre o en nombre de otros

Los tratos se cerraban con un apretón de manos, y los pagos se realizaban al contado

En general los tratantes eran gente divertida, amena, un tanto dudosa pero amiga de buen comer, jurar en arameo por lo mas sagrado con tal de ganar unos duros, y aficionados a beber en grupo. De trato rudo con los animales pero sincero, tenian una vida ciertamente dura de una itinerancia continua

Los camiones de transporte de ganado eran su medio de transporte y se les distinguia facilmente por su blusa negra, su vara larga y de que de su muñeca colgaba siempre una cuerda enrollada con arte y contravuelta haciendo un ocho infinito .

Apoyando la vara en el sobaco , escupian por el colmillo y juraban que el animal era un mirlo blanco, o que no valia un carajo (si estaban por comprarlo), con indiferencia , con la profesionalidad de un fullero del poker

Eran artistas de la resurreccion de la vaca enferma o del burro matao, convirtiendolo en quince dias en una pieza de museo, en un brillante ejemplar con las artes de la albeiteria que oralmente se transmitian , de sencilla utilizacion (aceite, vinagre, sales ,agua caliente , emplastos y lavativas ..) y le daban mil vueltas al experto veterinario

A la incomodidad del traslado en lentos y tediosos trenes y desvencijados autobuses, se unía la de “el coche de San Fernando”, recorriendo interminables caminos, atravesando frondosos bosques, viviendo a salto de mata, comiendo, no cuando tenían hambre, hora ideal para comer, sino cuando encontraban quien les proporcionara, a cambio de unas pesetas, un poco de alimento y un techo para descansar a cubierto. Además de todas estas penalidades, sobre ellos se cernía un peligro latente, pues en cualquier momento podían sufrir el ataque de los salteadores de caminos y, dando gracias a Dios si en el lance sólo perdían el dinero guardado en un bolsillo secreto de la refaja, o en el más inusitado escondrijo. En aquellos tiempos los pagos se hacían “a toca teja”, sin la intervención de los bancos.

Como hecho de menos esta raza de personajes imbricados en las ferias , en las rutas rurales , en la evaluacion continua de la cabaña gallega !

La modernidad, la Xunta, las ferias centrales, la concentracion de todo en el poder politico ha matado un genero humano

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