Degustaciones de agua

Como os comenté, el lunes estuve en una cata de agua. Ya confesé en mi artículo anterior que fui con algunos prejuicios pensando que si el agua tiene sabor pierde toda su gracia. Bueno, su gracia y sus propiedades esenciales que dicen que el líquido elemento debe ser incoloro, inodoro e insípido. Lo que me encontré, sin embargo, fueron siete tipos diferentes de aguas que cumplían estas tres pautas y que aún así eran diferentes entre sí. Es decir, sólo un paladar muy refinado podía destacar en una cata a ciegas. Exceptuando la 420 de Nueva Zelanda que dejaba en el paladar un regusto a almendras verdes, el resto era difícil diferenciarlas. Si ponías todos los sentidos en el sorbo igual podías distinguir un punto más dulce en una, un sabor a copo de nieve en otra… pero tan sutil que apenas se notaba.

Se veía que el chico que dirigia la cata creía en el producto que vendía, contando con emoción los increíbles relatos de las procedencias de cada una, agua de lluvia, montañas volcánicas… Eso sí, no habló de precios. Y por eso, yo, sospechando que aquellas botellas con pinta de colonias no valían un euro como la tradicional Fontvella (por poner un ejemplo), me acerqué a la mesa y pedí que me pusiera en un papel el precio de cada una. Una de ellas, la Bling, cuesta, para que os hagais una idea, 90 euros la botella de 750 ml. En unos tiempos en los que se habla más de la crisis que del tiempo (que ya es decir), gastarse éste dineral en agua ¿no es una exageración?

Koldico aseguró en el artículo anterior que a él, pagar el agua a precio de buen vino siempre le ha parecido (y le parecerá) absurdo. Gus retó al mejor paladar a diferenciar tres tipos de aguas diferentes y comentó que a él esta nueva moda le recuerda al cuento del traje nuevo del emperador en el que nadie se atreve a decir que el emperador va desnudo por no confesar que realmente no ven el traje y sentirse así más tontos que el resto. Con las manos en la masa, que estuvo en la cata, dice, sin embargo que salió encantada y que las aguas sí sabían diferentes. Eso no lo discutimos, la pregunta es ¿tienen un sabor tan indescriptible, magnífico, diferente y lujoso como para pagar por una botella 90 euros? Espero vuestras respuestas.

Leido por casualidad en: http://www.redaccion.com/cocina/

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